En la NBA es muy frecuente la costumbre de retirar el dorsal a los jugadores míticos, de forma que cuando uno de estos jugadores se retira nadie más vuelve a lucir ese número en ese equipo. Así, son conocidísimos casos como el 23 de Jordan en los Chicago Bulls, el 33 de Bird en los Celtics o el 32 y 33 de Magic y de Abdul-Jabbar con los Lakers. En un caso extremo, el número 13 de Wilt Chamberlain está retirado en 3 franquicias: Warriors, Sixers y Lakers en un “record” que quizá pueda igualar Shaquille O’Neal campeón NBA con Lakers y Miami Heat y de conferencia con Orlando Magic en sus inicios. Esta costumbre ha llegado también a España con el 10 de Fernando Martín en el Real Madrid y el 4 de Andrés Jiménez y 15 de Epi en el Barcelona, entre otros. Pero ¿es ésta costumbre aplicable al fútbol?

Digo todo esto por la noticia aparecida en diversos medios en el día de hoy en la que se señala que el Sevilla no podrá retirar el número 16 del tristemente fallecido Antonio Puerta al impedirlo el reglamento federativo “La RFEF obliga a que todos los jugadores con ficha profesional porten números entre el 1 y el 25, de modo que el Sevilla, que tiene a 25 jugadores en su primera plantilla, ha tenido que asignar el 16, que lucirá el defensa de la cantera David Prieto.”
Vaya por delante que el fútbol no tiene por qué aplicar esta práctica de otros deportes. La numeración clásica del 1 al 11 según las posiciones en el campo, donde el 7 y el 11 eran para los extremos, el 8 y 10 los interiores y el 9 el delantero centro, hace ya unos trece años que dio paso a una numeración fija: del 1 al 22, y luego del 1 al 25, reservándose números superiores para jugadores con ficha en el filial. Sin embargo, otros campeonatos como el italiano no sigue esta costumbre (tenemos ejemplos como el 99 de Ronaldo y de Cassano o el más reciente 80 de Ronaldinho con el Milan), la propia Champions League, máxima competición de clubes, nos ha dado ejemplos atípicos con el 99 de Vitor Baia hace unos años en el Oporto o el número 1 lucido por un jugador de campo: el griego Kafes que incluso marcó con el Olympiakos en el Bernabéu…
Me parece bien que nuestra competición mantenga, COMO REGLA GENERAL, la norma de numeración del 1 al 25 para evitar algunos de estos casos atípicos. Son bonitas tradiciones como el número 7 del Real Madrid que ha recaído en los últimos cuarenta años prácticamente en sólo 4 jugadores de gran peso: Amancio, Juanito, Butragueño, Raúl (con algún escaso período transitorio entre ellos, como Esnáider entre los dos últimos mientras Raúl lucía el 17), la identificación del 10 como número de los cracks, el 9 con el killer goleador…
Pero por otro lado, y aunque no deje de ser una anécdota y el recuerdo de Puerta no depende de que alguien luzca o no el 16 con el Sevilla ¿cómo se puede admitir que la propia liga lleve el nombre de un banco y no que un equipo tenga (excepcionalmente) una ficha de la primera plantilla con el 26 (o el 33) en lugar del 16, cuando estamos hablando de que el último portador de ese número falleció, prácticamente en directo, en partido televisado en abierto para toda la nación?

Quizá el propio Sevilla en esta primera relación facilitada, que por cierto incluye a Crespo con el 26 pero como jugador a todos los efectos de la primera plantilla aunque con ficha del filial, debería asignar número “filial” a otro de los jugadores que aparecen en esa relación recién promocionados como el 13 del tercer guardameta Javi Varas o el propio 16 de David Prieto.
Hace unos días, estuve hablando con un buen compañero de carrrera, y le animé a que escribiera en mi blog, a partir de ahora nuestro blog. Es madridista, y amante del buen fútbol, así que estoy seguro de que este rinconcito agradecerá enormemente un nuevo punto de vista y sus seguro interesantes aportaciones.
Así que no me queda más que decir… bienvenido, Mr. Joben!

Este Blatter es un cachondo. Va el hombre y sale diciendo que los contratos de los futbolistas de hoy en día son una suerte de esclavitud moderna. Qué bueno. Este tío es un fuera de serie, casi como Ecclestone, Mussolini o El niño de la peca.
Creo que este señor debería desempolvar su libro de historia para darse cuenta de que la raza de niñato con más euros anuales en la cuenta de lo que la mayor parte de los mortales podrá ganar en toda su vida no encaja dentro de la definición exactamente.
De modo que viene un tío, y se hace un contrato por un millón de euros anuales, o peor, por 5 ó 10, como hay algunos por ahí. Lo firma por muchos años, porque así lo requiere el club (cualquiera le hace uno corto, para que el tío diga que se va y encima de lo que cuesta traerlo y mantenerlo no deje nada en el club), y luego viene el chiste: si el tío funciona, el representante en la puerta pidiendo más dinero o una ampliación de contrato, si no lo hace, el tío se tira los X años metiéndose el dinerito en la cuenta y más callado que el mudo del pueblo. Y todo esto contando con que el futbolista no sea una nena caprichosa que decida que “quiere jugar en el club Y”.
Desde luego que estoy a favor de que la normativa laboral favorezca al trabajador por encima del empresario, pero creo que, igual que para otros aspectos este mercado tiene una regulación especial, en este caso debería ocurrir lo mismo. Lo que no puede ser es que los contratos se firmen a la ligera, puesto que no hay ningún precio por hacerlo así. Por eso aplaudo a jugadores como Poulsen, que vino libre al Sevilla, no consintió un contrato por más de tres años de inicio ni una cláusula mayor de 10 millones de euros. Este señor ahora es dueño de su futuro.
Lo fácil es poner cuanto más ceros mejor en la cuenta (pero ceros de los de antes de la coma, que son los buenos), la cláusula que tú quieras (que luego ya pasaremos de ella), que luego ya me pasaré mi contrato por donde amargan los pepinos. En este mundillo se echa en falta un poquito de legislación y sobra caradura!!