A los humanos nos encanta conversar. Nos encanta contar historias, y que nos escuchen contarlas, sobre todo si van sobre nosotros mismos.
La conversación tiende a ser divertida y enriquecedora, si bien no lo es porque sí. Lo es en tanto en cuanto los interlocutores tengan los recursos y la actitud adecuados: se hagan preguntas, tengan capacidad de crítica (¡y sobre todo de autocrítica!), sean flexibles, y estén dispuestos a oir cosas que no les van a gustar. Lo “malo” (bendito problema) es que también es espontánea. La gente habla cuando le apetece. Cuando conversamos por obligación, no por voluntad o convicción, el resultado acostumbra a ser deleznable.
Todo esto viene a cuento de que yo, que suelo tener buena memoria pero a veces no lo parece, ayer estuve en una mesa redonda de emprendedores en las Jornadas de Imaginática de la Universidad de Sevilla en la Facultad de Química y me tragué los clásicos powerpoint infumables de la mayoría de los ponentes. Otra vez. Si es que soy muy inocente.
Si no tienes nada nuevo que contar, no hables. No pasa nada por declinar una invitación. Si no vas a prepararte bien una ponencia, no la hagas.. Seguramente a tu charla puedan asistir (ya sea voluntariamente o por obligación) 100, 200 ó 300 personas. Ir sin pensar en qué vas a comunicar ni cómo lo vas a contar ni porqué les va a interesar a tus interlocutores me parece una falta de respeto mayúscula. Bueno, pues eso e lo que ocurre en el 80% de las ponencias a las que acudo. CERO orientación al cliente. No me interesa en absoluto si lo que cuento es interesante, si a tí en particular te interesa y si no te aburre. Yo suelto mi rollo y me largo.
Por lo menos, me fuí con un regustillo agradable: los que sí se plantearon cómo exponer e intentaron hablar mirando a los ojos y explicando experiencias fueron los más jóvenes en la mesa, aunque no tuvieran las tablas suficientes. Los mayores adoptaron una actitud más autocomplaciente, y se mostraron más pagados de sí mismos y menos preocupados de que lo que contaban interesase (actitud de “una charlita más”).
Parece que tantas ponencias infumables están provocando que los más jóvenes nos vayamos dando cuenta de que es necesario un cambio. Que ya va siendo hora…
He encontrado tu pagina por casualidad, buscando información sobre las jornadas… y no puedes tener + razon!!
Muy interesante!