Me he comprado un cable HDMI, y ahora veo mi portátil en las teles de plasma de puta madre estupendamente. Además tengo la nueva versión que conté del ultrastar deluxe, un estupendo juego de karaoke.
Antes jugábamos simplemente a ultrastar, y bueno, la cosa solía tener un éxito “parcial”. Había quien cantaba, quien no pero le gustaba verlo, y quien lo detestaba. Bueno, ahora con la nueva versión, pueden hacerse 3 equipos, uno de los integrantes de cada cual puede cantar simultáneamente a los demás. En un caso hipotético podrían llegar a jugar hasta 6 personas a la vez.
Ahora a todo el mundo le gusta jugar. A saber. El hecho de estar en competición ha debido crear un aliciente y despierta a la gente el interés que antes no tenía por la música.
Cuando pensaba en esto, me acordé de algo que me pasó hace ya bastantes años estando de vacaciones. Conocí a un chico marroquí en unos apartamentos donde veraneaba, que tenían un club de tenis en el que se podía jugar gratis todo el tiempo que se quisiese. Yo quedaba con este chico para jugar al tenis. Lo particular es que él nunca quería jugar un partido. Él quedaba conmigo todas las veces que quisiera, y a él le gustaba el tenis, pero no quería saber nada de la más mínima competición. Si yo quería jugar un partido tenía que quedar con alguno de mis otros conocidos en aquel sitio.
En definitiva… ¿es nuestra cultura competitiva por definición? Yo sé que cuando juego a algo lo hago para ganar, porque entiendo que el juego se embellece cuando pongo mi esfuerzo en ello. De hecho, me gusta que los demás hagan lo mismo, porque entonces el desafío es mucho mayor. Pero sin embargo, no desmerezco la actividad por el mero hecho de que sea competitiva en el caso de que me guste.
¿Tú qué dices?