Déjalo. No sirve.
El mismo Manifiesto Cluetrain (que recomiendo encarecidamente) lo dice muy claro:
74. Somos inmunes a la publicidad. Olvídalo.
Pero parece que da igual. Nada de explorar nuevos modelos, como el freemium, aplicar la teoría de la larga cola o las enseñanzas de los gurús como Seth Godin. La cosa va de molestar. De lanzar publicidad indiscriminadamente a las personas, estén interesadas o no. Estén interesadas en nuestros producto/servicios o no. Quieran ver lo que tengas que decir. Nada de charlar con tus clientes, de interesarte por ellos.
El resultado de seguir utilizando las viejas estrategias en el viejo medio no es otro que el fracaso más absoluto, como el que refleja con sorna L.McDuff en su video “The Year Media Died”. Te lo dejo para que lo veas.
Sigue con tus interstitials. Con tus videos que se cargan sin pedirme permiso. Con tus banners en flash que no me dejan leer lo que he venido a ver. Ponle sonido a los banners cuando paso por encima de ellos para que suenen a todo volumen en mis altavoces a las tantas de la mañana y despierte a los vecinos (hechos verídicos). No te preocupes de interesarme en tu producto, de tratar de crear algo atractivo para mí, para que quiera comprarlo y para que lo compre y lo recomiende a mis amigos y hable muy bien de él. Al fin y al cabo las estadísticas no muestran que la opinión más valorada es la del resto de usuarios.
Sigue en tus trece. A mi me encantará ver cómo te estrellas con tus viejos planteamientos, como me gustaría ver fracasar a los fabricantes de máquinas de escribir si exigiesen ayudas para pelear contra los ordenadores que arruinan su negocio.
Yo no pienso cambiar. Es el mundo el que está equivocado.