Aniversario de la muerte de Harry Houdini

Hoy, como cada 31 de octubre, el mundo de la magia rinde un tributo a Harry Houdini [wesp] [wing], coincidiendo con el aniversario de la fecha de su muerte, en 1926.

Considerado el más importante ilusionista y escapista de todos los tiempos, inició su consagración en 1899 y ya a finales de 1907 logró mejores contratos y grandes elogios de la prensa y el público. Viajó a conquistar Europa, películas y demostraciones en plena calle, con lo que logró fama. La anécdota mas colorida de su paso por Reino Unido fue la que vivió al recibir una apuesta de las autoridades de Scotland Yard, para escapar de sus celdas.
Con el éxito en Europa, para mediados de 1905, Houdini volvió a Estados Unidos. Sin embargo, la muerte de su madre y un oscuro transcurrir de su vida mágica, lo volcaron al espiritismo y a la búsqueda de la comunicación con el más allá.

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“My two sweethearts”. Harry Houdini (1874-1926) con su madre Cecilia
Steiner Weiss y su esposa Beatrice (1876-1943), en una fotografía de 1907.

Durante una gira por Canadá, años después, en una conferencia en una universidad, le presentaron a un joven estudiante deportista, quien no creía en la fortaleza de los abdominales de Harry y le apostó que no resistiría un fuerte golpe. Sin dejarlo pensar ni preparar, le tiró un puñetazo directo al estómago a Harry, quien al recibirlo cayó enroscado, pero su orgullo, lo hizo pararse y decir: “no pasó nada”. Le pidieron que lo revisara un médico, pero, esa noche era la última función y el artista, no quiso, por lo que se presentó ante el público, a pesar del dolor. Al término de la función, viajó en tren a Detroit, Michigan, donde había prometido asistir con un doctor. Era la noche del 24 de octubre de 1926, cuando le fue diagnosticada una peritonitis y tuvo que ser operado de inmediato.
Falleció una semana después, “La noche de brujas” del 31 de octubre de ese año. Su inquietud por lo oculto, le hizo prometer a su esposa, Wilhelmina Beatrice Rahner Houdini, conocida como Bess, que volvería del más allá, para completar su escape más importante. Empero, cumplido el plazo prometido a su amada, con tristeza su compañera apagó una vela que mantenía encendida, como símbolo del final. Sus restos descansan en el Cementerio Judío de Machpelah, en Queens (New York).

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